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Cuando la mirada se confunde

Hay gestos sencillos que el mundo sigue leyendo mal.

 

No me considero feminista. Pero tampoco puedo aceptar actitudes machistas que condicionan la manera en que muchas mujeres tenemos que movernos por el mundo.

En una sociedad donde todavía hay quien confunde la luz natural con un foco que les apunta a ellos, muchas mujeres hemos tenido que modular nuestros gestos. Pensarnos dos veces si sonreír o no, si mirar a los ojos o bajar la mirada, si ser espontáneas o contenernos.

Y no porque no queramos ser amables, sino porque demasiado a menudo esa amabilidad se malinterpreta.

Todavía hay quien cree que, si una mujer es simpática, si conversa con naturalidad, si ríe o comparte un rato agradable, debe de haber alguna intención oculta. Que detrás de un gesto genuino hay un mensaje cifrado. Pero no. No todo es una insinuación.

 

Ser amable no es coquetear.

Ser auténtica no es provocar.

Ser libre no es una invitación.

 

Pero esa lectura sesgada sigue existiendo, sobre todo en aquellos que miran el mundo desde el centro de su propio deseo. Y eso hace que muchas mujeres hayamos tenido que poner límites que no deberían ser necesarios.

 

No deberíamos tener que disfrazarnos de frialdad para evitar malentendidos.

No sería necesario cambiar nuestra esencia para adaptarnos a egos frágiles.

No deberíamos fingir que no pasa nada para no alimentar confusiones.

 

Es legítimo, y necesario, poder relacionarnos desde la libertad, el respeto y la honestidad, tanto con mujeres como con hombres. Por suerte, cada vez hay más hombres que entienden que una conversación bonita puede ser simplemente eso: una conversación bonita.

 

Que saben escuchar sin poseer, acompañar sin exigir, compartir sin malinterpretar. Hombres con quienes se pueden construir amistades profundas, limpias y sinceras.

 

La fotografía me ha enseñado que no todo debe encuadrarse.

 

Que una imagen puede ser valiosa solo por lo que muestra, no por lo que imaginamos que quiere decir.

Y con las relaciones ocurre exactamente lo mismo: muchas veces no vemos lo que hay, sino lo que queremos ver.

Quizá ya es hora de enfocar con más claridad.
De limpiar la lente y mirar con respeto.

 

Porque ser mujer y ser amable no debería ser nunca un problema.

ES