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Avanzar con todo: aprender a seguir incluso cuando la vida duele

Comenzamos un año nuevo y parece que todo nos empuje a hacer balance. A mirar atrás y decidir si lo que dejamos ha sido bueno o malo, ligero o pesado. Pero la vida no suele dividirse en compartimentos tan claros.

Hay años que duelen y, al mismo tiempo, abren espacios inesperados; o años difíciles que, sin darnos cuenta, nos transforman profundamente.

He vivido un 2025 complejo y exigente.

Con momentos que no habría elegido y, a la vez, un año increíblemente creativo. Como si la vulnerabilidad hubiera abierto una nueva puerta a mi mirada. Como si, al perder fuerza en algunas partes de mi cuerpo, la hubiera ganado en otras.

Nos han hecho creer que, para avanzar, hay que dejar atrás lo que duele.

Que ser feliz significa negar el dolor, pasar página deprisa, poner buena cara.

Con la experiencia de la vida he aprendido que el dolor que no se reconoce no desaparece, sino que se esconde.

Y lo que se esconde, pesa.

La herida, cuando se ignora, se cierra en falso. En cambio, cuando se mira y se escucha, puede convertirse en un espacio de creación. No porque el dolor sea bonito, sino porque nos obliga a mirar más adentro y a expresarnos de otra manera.

Hay procesos creativos que solo nacen así, desde una grieta abierta que, mientras va sanando, va dejando entrar la luz.

Avanzar de verdad es aceptar que lo que duele también forma parte del camino. Que la tristeza, el miedo o la decepción no anulan la alegría, sino que conviven con ella. Como en una fotografía con contraste, es precisamente la convivencia entre sombra y luz la que da profundidad a la imagen.

Sin sombras, la luz es plana.

Sin luz, la sombra no tiene sentido.

Entrar en 2026 con esta conciencia es, quizá, el mayor propósito.

No negar lo que ha dolido, pero tampoco quedarse atrapado en ello.

Integrarlo. Darle su lugar justo.

Permitir que la herida continúe su proceso mientras, al mismo tiempo, se transforma en mirada y en creación.

La felicidad no es ausencia de dolor.

Es la capacidad de saber continuar.

De encontrar sentido, belleza y fuerza incluso en los momentos más frágiles.

De mirar nuestra historia con compasión y ternura.

Quizá este debería ser el verdadero propósito de un año nuevo: aprender a leer la vida tal como es.

Con todo lo que suma y con todo lo que pesa.

Y, pese a todo, avanzar con amor

 

Mi última columna en el semanario El 3devuit de enero 2026

 

ES